El RCNT recuerda la figura de Juan Padrón

El jueves 27 de diciembre se daba a conocer el triste fallecimiento de Juan Padrón, entrenador ilustre de la natación española y tinerfeña que ejerció una brillante labor como técnico en el RCNT.



TENERIFE | El jueves, 27 de diciembre, se daba a conocer la triste noticia del fallecimiento de Juan Padrón, quien fuera un carismático y querido entrenador tinerfeño que ejerció con pasión su profesión durante numerosos años en la Isla, desempeñando entre sus funciones una importante faceta como entrenador en el Real Club Náutico de Tenerife (RCNT).

Juan Padrón fue una persona que trató con numeroso cariño a este deporte, dedicándole gran parte de su vida como un mentor referente que ha servido como ejemplo para muchos por su manera de enseñar y entrenar. Su condición de figura aventajada en su campo le ha permitido formar a muchos de los mejores nadadores que ha dado nuestra Isla. Además de su destacada labor en el Náutico, Juan también entrenó al CN Teide y el CD Tenerife.

Por todo ello, desde la entidad santacrucera hemos querido rememorar su figura a través de dos personas que compartieron importantes momentos de su vida junto a él: Fátima Padrón, su hija; y Conchi Escatllar, su antigua alumna.

Fátima siempre tuvo ese amor compartido por este deporte: primero como nadadora, luego como entrenadora y, finalmente, como coordinadora. Un recuerdo que ha rememorado con nosotros en tan duros momentos. "Yo tuve a tres maestros durante mi carrera en este deporte. Y uno de ellos fue mi padre". Esa predilección de Padrón -como a ella le gusta llamarlo- por la natación llegó por iniciativa propia. "En su casa nadie nadaba, pero le apasionaba. En nuestro hogar, muchas veces, no le decía 'papá', sino Padrón. Todo el mundo lo conoce por su apellido, no por Juan".

Destaca su hija que vive con tanto entusiasmo esta profesión "gracias a mi padre. Por la mañana, se dedicaba a su trabajo, ya que era empleado de un banco. Pero por las tardes, su dedicación absoluta era el deporte. Almorzaba y luego nos traía a todos a la piscina. Nunca entrené con mi padre, pero tenía grandes conocimientos técnicos". Un ejemplo pasional que transmitía a sus alumnos. "El horario de piscina tenía una hora de comienzo, pero no sabías cuándo llegaría el final". Recuerda con cierta alegría anécdotas como la de las monedas. "Si el agua estaba fría, tiraba unos duros al agua para que nos tirásemos a coger el dinero (ríe). Era una forma convincente, pues llevaba a los nadadores a su terreno".

Puntualiza Conchi que las excusas no servían con él. "Yo lloraba de frío. Esperaba que me dijera que saliera, pero me decía entonces que hiciese 1000 metros de braza. Me ponía las gafas temblando, pero lo hacía. Si venías al club, entrenabas fijo con él. No había excusa válida. Si te faltaba un bañador o unas gafas, te las conseguía".

Porque Juan era un trabajador nato e incansable. "Recuerdo que nunca descansaba. Por ejemplo, estaba sentado, pero se dedicaba a observar a los chicos y decía: ese niño vale, puede llegar lejos. Todo ello, únicamente viendo cómo se tiraba al agua para hacerse un largo. A mi padre le encantaba especialmente la base: descubrir a un niño con mucho talento para enseñarle y llevarlo a lo más alto. Por sus manos han pasado grandes figuras de la natación. Se desvivía por este deporte", remarca Fátima.

Los entrenamientos eran exigentes, como nos explica a continuación, pero tenían un recibimiento positivo por parte de sus alumnos, debido a la relación amistosa que les unía a cada uno de ellos. El sacrificio del nadador era compartido junto al del entrenador. "He conocido a grandes entrenadores desde la perspectiva técnica, pero luego erraban a la hora de llevarlos a su terreno. En cambio, mi padre sabía cómo ganárselos. Padrón era duro, pero blando al mismo tiempo. Si el nadador tenía que hacerse veinte piscinas, Padrón caminaba todos esos largos junto a él. No se limitaba a quedarse fuera del agua, sentado en una silla, sino que se implicaba corriendo de un lado para otro mientras les animaba y registraba sus marcas con un cronómetro. Cualquier deportista que haya pasado por sus manos tendrá buen recuerdo suyo".

Precisamente, Conchi es una de esas alumnas que guarda gratos momentos en su memoria de su experiencia como aprendiz de Padrón. Luego, además, sería entrenada por la propia Fátima. Una nadadora privilegiada que basó en su esfuerzo diario parte de sus grandes éxitos nacionales e internacionales. "En mi infancia, recuerdo que trabajaba por encima de lo exigido. Siempre llegaba tarde a los entrenamientos porque estaba en un colegio de La Laguna, de modo que mi grupo se marchaba cuando yo llegaba. Yo bajaba de la guagua y ya me estaba quitando la ropa para el entrenamiento, pero se quedaba conmigo hasta tantas horas de la noche acompañándome en mi entreno".

Bonitos instantes a su lado que eran acompañados por su dedicación absoluta y expresa a cada discípulo. "Se centraba en cada uno de ellos. Si había diez entrenando, nos tomaba las marcas a todos. Era una persona que te apoyaba cuando ibas a competir y te invadía cierta invasión de miedo al fracaso. Pero además, si había otro club al lado nuestro entrenando, también sabía sus marcas. No se le escapaba ni un solo detalle", declara Conchi.

En cuanto a sus etapas en el Náutico, Fátima guarda grandes momentos. Una época en la que la sección de natación vivió grandes éxitos en forma de campeonatos y medallas. "Él pasó dos buenas etapas en este club: la primera, con Acidalio Lorenzo, en la que estuvo hasta su muerte en 1968; su segundo momento fue en 1978, uniéndose a Domingo Villamandos para construir una generación de oro de nadadores que cosecharon numerosos éxitos en forma de medallas en muchos campeonatos. Una de ellas fue Conchi (Escatllar). Hubo un campeonato europeo junior al que no fui, debido a que había sido invitada a los JJ.OO. de Moscú, pero fue el torneo donde el Náutico arrasó. Cogieron un montón de medallas", recuerda con orgullo.

Precisamente, Conchi se acuerda con especial anhelo de aquella edad dorada. "Eran años en los que 20 personas iban a un campeonato de España. Solo del Náutico. Ahora, van una veintena aproximadamente, pero de toda Canarias".

La segunda aventura de Juan en el club terminaría para acompañar a su hija en nuevos retos personales. "Me ofrecieron entrenar la sección de natación del CD Tenerife. Me llevé a mi padre conmigo. Iba a ser la primera entrenadora, pero si no lo tenía a mi lado como apoyo moral, no sabía cómo saldría aquello".

Los 90 vivirían los pasos finales de Padrón con un rol activo. "Estuvo echando una mano en el club hasta principios de la década de los 90. Luego, se fue apartando. Sin embargo, continuaba yendo a la piscina como observador, supervisando cada detalle para que todos nadasen. Quería que todo funcionara como un reloj. Lo dio todo por este deporte hasta el último momento".

Toda una leyenda del deporte acuático que recibió un merecido reconocimiento en su retirada. En junio de 1995, los salones del Club Deportivo Militar de Paso Alto rindieron un sentido homenaje a la figura de Juan Padrón, además de un trofeo conmemorativo a su persona que tuvo lugar en la piscina Acidalio Lorenzo. Además, en 1998, recibía el Premio Valores Humanos por la Asociación de Prensa Deportiva de Tenerife (APDT), en agradecimiento por haber representado con tanto respeto y dedicación como estandarte a la natación tinerfeña.




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